CON LOS SIN EÑE ¿Se puede tener más suerte que que te regalen una vuelta al mundo? Este fue el caso de Ramon y Meritxell también conocidos como “sin eñe” que se lo pasaron tan en grande durante el viaje que se quedaron con ganas de más. Y así, después de un año, decidieron seguir viajando. Esta es la historia de cómo cuando deseas mucho algo, todo se confabula para que lo consigas. Dicen que las casualidades no existen y de que hay que saber leer las oportunidades. El nombre de “sin eñe” nació en Koh Chang y allí mismo, años más tarde nos encontramos con ellos. En un momento en que barajábamos la idea de volver a casa, nos convencieron de seguir viajando. Las casualidades no existen. ¡Buenos viajes amigos! +info y entrevista click aquí INDIA Ya hemos llegado KOH CHANG vs KOH RONG ¿Qué es mejor: una isla perdida en el océano con playas para ti solo o una isla más conocida, con buenas playas pero abultada de comercios y turistas? Bienvenidos a la pregunta del millón del viajero de islas y playas. O lo que es lo mismo, al duelo Koh Chang contra Koh Rong. Koh Chang (isla del elefante) es la segunda isla por tamaño en Tailandia, destaca por su infraestructura hotelera que ofrece al turista un amplio abanico de posibilidades y las diferentes actividades que se pueden hacer en la isla Koh Rong (isla del mono) es una pequeña isla de la costa camboyana. Es de difícil llegada y no cuenta con más que una docena de bungalows, un par de pequeños bares y las casas de los locales. No hay mucho que hacer más que relajarse en las playas de agua turquesa para disfrute de uno. En las islas semidesiertas el paisaje es el punto fuerte pero el alojamiento es algo básico, en cambio en las islas más populares pasa al revés. ¿Qué es mejor? O… ¿qué es lo que más te gusta? Nosotros ya tenemos la respuesta, pero no nos ha sido fácil. Nada mejor que vivirlo para saberlo. BANGKOK. OOOOOTRA VEZ Otra vez en Bangkok. La primera vez nos gustó la ciudad, la segunda, hombre, estaba bien visitábamos alguna cosa que no conocíamos, la tercera ya se empezaba a notar más el calor y la humedad pero a la cuarta ya no había argumentos. Si te mueves por la zona del sudeste asiático, Bangkok te acabará atrayendo. Se puede evitar pero a costas de pagar un precio más alto por el transporte, porque la capital tailandesa es el “hub” de la zona. Así que a seguir comiendo pad thais, viajando en tuk tuks, visitando templos budistas, esquivar las ofertas de cualquier producto y servicio imaginable y todo con mínimas de 40 grados. Ooootra vez. EN MEDIO DE LA FARANDULA KRISHNA Todo sucedió en Bangkok, estábamos disfrutando de un Pad Thai en plena calle cuando coincidimos con unas amigas argentinas que hicimos en Koh Tao. Las acompañaba Natalia, una joven rusa devota del Skon, una variante del Krishnanismo. Nos dice que en un lugar de Bangkok hay una celebración importante sobre Krishna y no sé muy bien el motivo pero pensamos que sería buena idea dejarnos caer por ahí. Estuvo muy bien, al llegar interrumpimos por completo el sermón, que era en nepalí, porque la mayoría de los presentes no eran ni hindús ni tailandeses, eran nepalíes. Pero muy amables porque lejos de irritarse nos hicieron hueco hasta un lugar privilegiado, cediendo sus asientos. Ahí que estábamos en cuclillas escuchando un sermón del cual no entendíamos nada. Suerte de un jovencito bangui (de Bangladesh) que nos traducía alguna cosa. Y después del sermón… fiesta!! Esto es un extracto del trance. Disculpad la calidad pero es que no veían con buenos ojos que filmaramos nada. Estas cosas pueden pasar en un viaje tan largo, por eso hay que tener la mente abierta. Hare Krishna KOH RONG El tiempo se detenía desde el primer momento de pisar aquella isla. El alma renacía en aquellas aguas turquesas y arenas blancas y a música volvía a sonar. Sí, hay lugares en que a uno le da la impresión de estar en el paraíso. A ritmo lento, muy lento y pausado… se sucedían los baños matutinos en aguas cálidas, los desayunos de frutas exóticas, la pesca de peces multicolores, las siestas con las olas de fondo o los posados al atardecer. Por la noche tocaba algo de fiesta y entraba en escena nuestro querido amigo kazajo Anarbek. Abordándote con sus mil y una preguntas era capaz de hacerte descojonar “economy good?”, “ireland, england firends?”,”kazajstan internet information” o “catalonia muy boñito”. Inolvidable. PHNOM PENH Phnom Penh no destacaba por ser una ciudad diferente de las demás. Estaba casi por completo sumida en un ambiente tórrido, una humedad que asfixiaba y que hasta hacía sudar pintura a las paredes. Deambulando por ahí, se podía contemplar a los lugareños disfrutar simplemente con una taza de té, vendiendo fruta o carne cruda a pie de calle, con permiso de las moscas, o hasta echando una cabezadita en un tuk tuk a la espera de una jugosa recompensa. Como es bien sabido por esas tierras, un turista lo es y más a menudo de lo que hubiéramos deseado teníamos que sacarnos de encima sus pegajosas ofertas. Decidimos no ahondar en sus heridas del genocidio jemer, así que tan sólo estuvimos dos días en la capital. Eso sí, en buena compañía de un burgalés y un kazajo para luego marchar a una playa desierta. Próximas noticias debajo de un cocotero. (mediados de abril 2012) PARIENTES LEJANOS Ya volviendo de Angkor Wat, en medio del camino, “mira mira!” era la primera vez que veíamos monos en el viaje. Y bastaba mirarlos para saber que ahí había algo que nos era familiar. ANGKOR Después de siglos de abandono a la suerte de la jungla, Angkor reaparecía en una época no muy lejana a los inicios del siglo XX. Guardaba decenas de templos, cientos de años de ocupación imperial y miles de historias que contar en sus grabados. Nos plantamos allí mirando desde abajo, como no podía ser de otra manera, al gigante que teníamos delante: la ciudad del templo. Angkor Wat. Incapaces de abarcar toda la historia que esos muros guardaban, nos decidimos a adentrarnos con mucha humildad y los ojos bien abiertos. Dentro había grabados de batallas épicas, pasajes religiosos sobre la vida y la muerte, sobre lo divino, monjes budistas deambulando de aquí allá, riendo, posando y también rezando. No dejamos tampoco la ocasión para visitar Bayon, el que según dicen es el templo más complicado, tanto por simbología como por sus intrincados pasajes. Y claro, no entendimos nada, pero hicimos muchas fotos y eso como que parece dejarle a uno con mejor sabor de boca. Con la sensación de estupor con la que te suelen dejar los patrimonios de la UNESCO, regresamos al Hostel. Ya cayendo la tarde en Siem Reap…![]()
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