Feliç dia d’aniversari! Avui el Guille fa anys, i acaba els 26 tornant a casa. Amb l’arribada dels 27 s’acaba aquest viatge… però “esto no para”! I toca començar una nova etapa… tot és igual però res és el mateix. Per molts anys viatgers, per molts anys diferents, per molts anys plens, per molts anys junts. Feliç tornada! Se agapo. JJI EXILE BROTHERS – YUMMY MOMMOS Los últimos días en Nepal los pasé con Jigme, un joven tibetano que trató de regresar a su “país” después de más de 25 años en el exilio. A falta de pasaporte ni permisos intentó cruzar la frontera con Nepal sin ser visto pero por desgracia fue traicionado por un tibetano paisano suyo que trabajaba de pastor en las montañas y al parecer cobraba un sobresueldo por parte de la policía china. De modo que Jigme siguió sin poder ver a su familia… Si esta historia tiene que tener una parte positiva puede que sea la de que los policías no lo mataron ya que, según me dijo, en casos similares al suyo lo hacen. Una vez me dijo, si quieres música tibetana de ahora escucha la de mis amigos los JJI Exile Brothers. Viven con él en Dharamsala, India y tienen entre otras esta canción, que aunque no suene muy folklórica tiene su gracia. Y el vídeo también, un poco flashes de lo que uno puede ver hoy en día en algunos pueblos de montaña. Puede que los chinos no les devuelvan su tierra, pero lo que nunca conseguirán es arrebatarles sus momos. VARANASI Definitivamente, en Varanasi, entendimos que la India había que observarla de un modo diferente. Y cuando comprendimos eso, nos miramos a nosotros mismos y comprendimos que los raros éramos nosotros. Al fin y al cabo, estábamos diseñados bajo un patrón que desde pequeños se nos había inculcado (pensamiento occidental). De un modo bastante más sutil y distante pero parecíamos androides de “un mundo feliz” de Huxley ¿Cómo no íbamos a ver diferente todo aquello? De lo que se trataba era de no juzgar de acuerdo a lo conocido y aprender de nuevo. Y así todo cambiaba. El sistema de circulación, por ejemplo, ya no era tan molesto. Los coches pitaban constantemente para indicar su situación porque nadie mira atrás. En la India se cree que quien más pita más buen conductor es. Lo de que constantemente te asaltaran por la calle con preguntas, se podía entender como que uno ya no estaba tan solo en la calle. Lo cual no es malo. Simplemente es que ellos no entienden la calle como un lugar íntimo. Los timos no eran de mala gana sino era la costumbre. El vender significaba timar o, regatear, era parte de la cultura. Lo hacían con los locales también. El precio de las cosas era lo que tu estabas dispuesto a pagar. De forma que si tu acababas pagando ese precio es porque querías pagarlo, sino no no se produciría la compra. Para ti tenía ese valor. Tampoco si todo estaba más sucio y destartalado importaba ya tanto, sería que debíamos fijarnos más en las almas de las personas más que en las cosas. Y así otras muchas cosas más que empezamos a entender, pero explicarlas todas aquí sería como contar el final de la película a alguien que quiera ir a la India, así que tranquilos, podéis ir a ver vuestra película. No obstante, los occidentales con nuestro punto de vista egocéntrico hemos tratado de decirles que eso no está bien y hemos influenciado tanto en su sociedad que está cambiando. El matrimonio de conveniencia está cambiando, los animales en las calles, las castas, el vegetarianismo, las vestimentas etc.. Algunos piensas que la cultura se está erosionando, otros que está evolucionando. Para ver un poco de esta nueva India hay que ir a las grandes ciudades como Delhi o Mumbai por ejemplo. En general de la India nos llevamos un aprendizaje y es el de la tolerancia. Viendo un sistema tan diferente al nuestro pero que funciona nos lleva a pensar que hay otras cosas diferentes a las que estamos acostumbrados que también están bien. No todo tiene que ser blanco o negro. De Varanasi también nos llevamos la mejor experiencia en la India. Una ciudad que era como un mundo dentro de otro mundo, en la que estuvimos en muy buena compañía. Al final nos conocíamos casi todos los comercios de la zona y ellos a nosotros. Y quedábamos en un sitio u otro a comer con nuestros amigos o pasar una tarde para escuchar y comprar música o elegir saris o pañuelos. Al final parecía como una segunda casa. Hay gente que piensa de la India que significa (I’ll Never Do It Again = No lo haré nunca más). Bueno puede que no sea un país fácil o cómodo de visitar. Es un país que cuesta al principio pero sin duda no es aburrido y no deja indiferente. Y en el que si te abres lo suficiente aprendes mucho. AGRA, TAJ MAHAL El elixir de la larga vida ha sido a lo largo de la historia algo ansiosamente buscado, por razones. Pensábamos que aquello sólo era una fantasía de los cuentos pero en Agra lo encontramos. Sí y tampoco en un lugar muy perdido, estaba situado casi en el centro de la ciudad, era de mármol blanco y dimensiones importantes. Os revelaremos el secreto: se llama Taj Mahal. Sí, parece que la razón de construir tumbas imponentes sea que más y más gente te visite, por los siglos de los siglos y, por ende, te recuerden, convirtiéndote así en un ser inmortal. De igual manera debe de suceder con las pirámides de Gizeh, pero aun no podemos afirmarlo. RISHIKESH Después de comprobar que el cuerpo humano es un 70% agua, decidimos decir adiós a las tierras rajastaníes y poner rumbo al norte. Y el primer puerto a avistar iba a ser Rishikesh. Nos imaginábamos que Rishikesh daría gala a su fama de capital mundial del yoga con una idílica localidad situada a orillas del aun primerizo Ganges. Pero el desembarco nos tenía deparada una ingrata sorpresa y una nueva bofetada de calor. Rishikesh estaba compuesta por cientos de ashrams y centros de yoga gigantes, anuncios por todas partes de gurús iluminados y felices que invitaban a iluminarle a uno también, no parecía serio. Estaba repleta también de miles de hindúes en peregrinación y aderezado todo con un tráfico bullicioso y muy sonoro. Pensamos que lo mejor sería hacer un paréntesis y ahogar nuestras frustraciones en una almohada. Con algo de suerte el día siguiente nos haría ver las cosas de distinta manera. No sabemos aun si así fue, pero por lo menos vimos la ciudad más de cerca. Había muchos babas y sadhus que hacían escala durante su peregrinación a Badrinath y que amablemente nos invitaban a la conversación y a decir un poco aquello de “shanti shanti” (tranqui tranqui). Aunque a juzgar por los interlocutores aquello también podía sonar como un “tranqui tronco”. Entorno a los babas y sadhus hay bastante falsedad. Los verdaderos babas y sadhus son seres respetables que moran en las montañas, viviendo una vida retirada, meditando y que buscan comprender el significado de la existencia en este mundo. Pero como en la India ser baba es gratuito y garantiza ser considerado como sagrado a la sociedad e inmune a muchas leyes, no son pocos los que no dejan escapar la oportunidad de lucir unas buenas rastas y fumar porros en la calle todo el día. Había también un generoso grupo de occidentales que ataviados al estilo hindú moraban los ashrams y lucían una sonrisita de oreja a oreja. También hay mucha controversia entorno a este tema puesto que los ashrams a menudo actúan como sectas inculcando la idea del ego, de la hermandad y de la infelicidad y estupidez del mundo material y de la vida anterior. De alguna manera coartan la libertad a personas, aprovechándose de ellas en un momento de sus vidas que están débiles de espíritu y necesitan un apoyo. Los convencen de que la salvación y felicidad está dentro de esa hermandad, no fuera, para que así perezcan ahí de por vida. Depositando mensualmente una generosa cuota a cambio, por supuesto. En algunos casos, tanto enredo mental, lleva a algunos occidentales a desaparecer en las montañas, muchas veces para suicidarse más tarde y abandonar su supuesta vida de sufrimiento. Así que estos asuntos o se miran desde la distancia o pueden llegar a ser peligrosos. Pero bueno, cambiando a temas más agradables, empezamos a disfrutar algo más con tanto apretón y muchedumbre. Nos bañamos un día en el sagrado Ganges, muy frío por cierto y contemplamos alguna performance cuando caía el sol. La verdad es que no había mucho más que ver, la mayoría de la gente va a Rishikesh para practicar yoga o morar en un ashram, pero, visto lo visto, no iba a ser el caso. Después de 4 días pusimos rumbo a Agra para contemplar … Pero eso será en otro post. CUANDO ME ENCONTRÉ SOLO Eran las 7 de la tarde, ya caía la noche en Varanasi. De pronto el tren se me la llevó… y allí empezó todo. El latido del corazón se me hizo más fuerte a cada instante. El tiempo corría despacio, casi como si se hubiera detenido. De repente el corazón me apretaba más y me quedé allí llorando como un niño indefenso. Notaba como si todo el mundo me estuviera mirando y el miedo se apoderó de mí. Estaba más solo que nunca. Sentí la necesidad de salir de allí, de aquel túnel sin salida de sentimientos y emociones, de aquella pena y aquel dolor. … Al cabo de un rato pasó todo, me vi envuelto como en un estado narcótico, en mi mundo, ajeno a mi nuevo alrededor. En aquel mundo nuevo sólo había viaje, había la posibilidad de hacer lo que yo quisiera. De ver el mundo desde el aire, en las montañas más altas del mundo si quería. Volando más alto que un pájaro. Siendo más libre que él. Y aunque quería compartirlo con ella ya no podía. Era incompatible con aquel nuevo estado. Y me dije, disfrútalo, por algo ha sucedido todo esto, algo debes de tener que aprender que no sabías. Algo realmente valioso… Tal vez era que debía aprender a pensar más en mí viviendo mi propia historia, viviendo la vida que es única y que pasa tan rápido. Guiarme más por mis instintos y no tanto por mi razón, ponerle pasión a las cosas, ver el mundo desde mi propio mundo al fin y al cabo. Volverme un poco más loco si se quiere. ¿Había sido todo aquello fruto de la casualidad? cada vez estaba más convencido de que no existían. Y pensándolo así, irracionalmente, las cosas se ordenaban de forma racional. Era como si todo lo que me sucedía tuviera un significado, algo que debía aprender. Más aun, como si todas las personas que habían pasado por mi vida fueran una parte de mí mismo. Una parte de mi personalidad y también una enseñanza. Yo era todas ellas. Pero lo mágico estaba no sólo en mí sino también a mi alrededor. En aquel universo en continua expansión que es absolutamente perfecto, con algo o alguien que parece que lo rija todo. Un universo que nos dice que no lo podremos comprender jamás, ni con ciencia, ni filosofía, ni religión. Él siempre estará varios pasos por delante. Así que porque no simplemente maravillarse ante ese genio y disfrutarlo. Y eso, es lo que iba a hacer aquellos días… Esto no para. UDAIPUR Teníamos muchas expectativas creadas entorno a Udaipur, nos hablaron muy bien y fantaseamos más. Lo malo, por eso, de autogenerarse tantas expectativas es que si la cosa no funciona como uno espera, se pasa mal. Y más o menos sucedió así… Pero por partes. La llegada. Vinimos en un autobús cama, toda una experiencia por cierto, que debía llegar a las 7 de la mañana. Pero, asombrosamente, llegó 3 horas antes y eso eran las 4 de la mañana negra noche. Como en todo paisaje desolado hay carroñeros y estos eran los conductores de los carros que nos pedían auténticas barbaridades. Y no nos quedó otra… no nos quedó otra que acceder. Ya al día siguiente, por llamarle de alguna manera, visitamos un poco la parte turística de la ciudad y la verdad es que no nos gustó demasiado. Seguramente que nuestra actitud tuvo algo que ver, en esta ciudad se rodó la película de James Bond “Octopussy” y por lo general no escoge malos escenarios. Y sí tenía un par de lagos un paisaje que se veía muy bonito, desde lejos y una atmósfera pseudoromántica. Pero no, seguía haciendo mucho calor, los olores eran muy intensos y los vendedores asimismo empalagosos. Ya contando las horas para marchar de allí nos fuimos de compras. Ojo timo. Era un pintor que vendía pinturas de miniatura. El precio de los cuadros no dependía del tamaño sino de las horas empleadas. Claro claro hacíamos con la cabeza, era lógico. No os puedo hacer buen precio porque es arte y pongo en ellas toda mi alma. Claro, es arte decíamos. Entre una cosa y otra y como producto de una especie de estado de trance, acabamos pagando una cantidad que rondaba los 100 dolares. Conste así que no fue un timo cualquiera. Pero sólo pagamos una décima parte en concepto de paga y señal. A la mañana siguiente, de camino al cajero para pagar el resto del dinero dimos con una tienda que ofrecía exactamente las mismas pinturas y a un precio 5 veces menor y esta vez sí que había opción a regateo… … … (…) (…) Nos acabó dando todas las pinturas por el precio de la paga y señal. Adicionalmente, Nuria fue lesionada por un hombre que con tal de ofrecerle un masaje la hizo daño en la mano de tanto que apretó, de manera que Nuria se doliera y sintiera la necesidad del masaje… Nos hubiera encantado ver las cosas como aquellos primeros días de Jaipur pero no fue posible. Algunas de las razones fueron estas. Claro que dicen que para acostumbrarte a la India y que te guste necesitas por lo menos un mes. Empezamos a hacer como Descartes que dudaba de todo y sobretodo en este caso, de todos. Y nos cerramos de nuevo al subcontinente. Ojalá las fotos hablaran y olieran…. Tal vez así se entendería un poco más todo esto. Había infinidad de razones para odiar a la India y alguna para amarla, pero no la encontrábamos. PUSHKAR Llegamos a Pushkar porque la Lonely Planet decía cosas increíbles. Ahora, con un poco más de experiencia, nos hemos dado cuenta que la Lonely Planet siempre dice cosas increíbles. Nosotros vimos Pushkar como una pequeña población situada alrededor de un lago, sagrado, como casi todo en este país, bastante enfocada al turismo y muy calurosa. Y decimos esto porque cuando un termómetro marca 40 y es de noche es que hace mucho calor. Una población también con reglas estrictas como la de evitar transitar la calle pasadas las 23:00, vestir a las mujeres con ropa “poco insinuante” o comer solamente comida vegetariana. Leyendo un poco sobre la ciudad, encontramos extraño que en el apartado de demografía no dijera nada de las también sagradas vaquitas. Las había por doquier y eso que no había mucha hierba que comer y decimos de la de comer por algo. Y las vacas aparte de comer durante 20 horas también deponen… si alguien conoce la manera de reciclar cacas de vaca, en Pushkar se hará rico… La nota positiva la pone el hecho que animales y personas parecen tener los mismos derechos, así que la ciudad es de todos. El vegetarianismo en el hinduismo se rige por un principio similar a este, aunque agregando lo de sagrado, otra vez. Lo mejor de Pushkar fueron todos aquellos pequeños comercios como venidos de otra época, puestos en habitaciones diminutas donde un occidental no encontraría sitio ni para colocar una silla. Pero en India abrir un negocio es muy sencillo y todo el mundo salta a la calle a ofrecer algo, sea donde sea. No es de extrañar que tres cuartas partes de su economía se base en el sector servicios. Especialmente curioso es lo de las barberías, hay muchísimas y siempre hay hombres perfilando un poquito su look algo reaccionario o afeitándose a navaja, como antaño. Pero de mujeres ni rastro, todo lo contrario que lo que uno puede en principio pensar. Lo peor, por eso, fue quemarnos los pies accediendo al lago, también sagrado. La escalera de acceso es de mármol blanco y el sol espatarrante incidiendo durante el día crea un efecto de plancha de cocina. Como que los locales iban nosotros no dudamos pero tuvimos que salir huyendo y pisando cacas de paloma porque estaban más frescas. Toda una experiencia. Al cabo de dos días marchamos hacia Udaipur porque pensamos que el Rajastán nos tenía que ofrecer algo más. ¿Pero era la época adecuada? PAZ en JAIPUR Tiempo al tiempo, a veces 5 minutos bastan. Al tercer día encontramos por fin turistas. Era una pareja de argentinos que llevaban 2 meses viajando por el subcontinente y nos entendieron a la perfección pero nos aconsejaron, de nuevo “tiempo al tiempo”. A veces cosas bien simples son muy difíciles de aprender. Visitamos la ciudad con ellos a lomos de nuestro imparable autorickshaw. El amber fort, la ciudad rosa, el palacio de los vientos con sus celosías (por cierto celoso viene de celosía que son las ventanas donde las concubinas podían ver sin ser vistas y así evitar los celos del sultán) y un palacio de mármol de cuyo nombre no nos acordamos. Como en general en toda nuestra estancia en India, lo mejor estaba a nuestro alrededor con todas aquellas personas y rostros como de otro planeta. O por lo menos para una mentalidad occidental así lo era, más incluso que en cualquier otra parte del mundo. Había rajastaníes con turbantes, había rostros gitanos desafiantes, vendedores ambulantes y multitud de oficios extravagantes. Por doquier. Todo se movía a una velocidad vertiginosa y sin un aparente orden, pero funcionaba. Era la masala India. Redondeamos el día con la fantasía del cine hindú. Lo único que tiene de parecido con el cine occidental es la sala y tampoco guarda demasiado parecido. La película en sí es “made in bollywood” la primera industria del cine mundial y es bastante diferente al occidental al que estamos acostumbrados. Los argumentos suelen girar entorno a un héroe que tiene que vencer a una serie de malignos para al final llevarse a la chica guapa. Una especie de James Bond si se quiere, pero a la india. Y como que hay mucho tabú en temas sensuales cuando aparece un hombro, un beso o un abrazo la gente se pone a gritar o a bailar. Ver a los indios montando ese espectáculo era una pasada. Por supuesto que lo de menos era la película. Lástima que no pudiéramos entrar después a ver el último partido de cricket de la temporada. Negociar entrar sin pagar en el último partido y con unos guardias armados con palos la verdad es que daba un poco de respeto… De esta manera nos hicimos de repente a la India y eso que llevábamos sólo 3 días. Estábamos un poco extrañados por todo aquello. ¿Duraría aquella paz interior en un mundo caótico?![]()
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